El Árbol Rojo

Un poco de esto y un poco de aquello.

Cierro los ojos y te busco

Cierro los ojos y te busco. Cierro los ojos y casi puedo sentirte. En mis brazos vacíos. En mis manos, frías. Casi puedo tocarte. Casi puedo oler tu pelo. Casi puedo alcanzarte. Casi te tengo.

Siento tu calor en mis sueños, no siempre dormida. En el rincón tranquilo de mi mente que te tengo guardado. Cierro los ojos y te busco. Te anhelo. Te abrazo. Te creo. Te alcanzo. Te quiero. Te envuelvo. Te veo. Respiro.

Respiro.

Abro los ojos. Te he perdido.

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Descubriendo al Capitán América, Parte 2: El Soldado de Invierno

“These are the times that try men’s souls: the summer soldier and the sunshine patriot will, in this crisis, shrink from the service os his country: but he that stands by it now, deserves the love and thanks of man and woman”.

Así comienza un famoso panfleto político de comienzos de la llamada  American Revolution. Y como oposición a “El Soldado de Verano”, el escritor de Marvel Ed Brubaker decidió llamar a su nuevo y misterioso personaje “El Soldado de Invierno”. Dentro música.

  Este post  contiene  spoilers tanto de la película “Captain America: The Winter Soldier” como de los cómics en los que se basa. Avisados quedáis. 

Pues bien, Ed Brubaker es un escritor de cómics que creció obsesionado con la muerte de James Buchanan Barnes (más conocido como Bucky), el compañero del Capitán América. Son como Batman y Robin pero con trajes aún más horteras. Mirad, mirad:

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El Bucky de los cómics tenía sólo 16 años cuando se unió al Capitán América (que entonces tenía 20) y la versión ofical es que lo escogieron como contrapunto patriótico a las juventudes hitlerianas. En realidad lo entrenaron para hacer el trabajo sucio que el Capitán América no podía hacer por cuestiones de imagen, pero eso se supone que es un secreto. Tchsss…

Marvel tiene la costumbre de matar a sus héroes y luego revivirlos, una y otra vez, sin despeinarse ni un poquito. Pero Bucky era uno de los pocos personajes que habían matado bien muerto. O eso pensaba todo el mundo hasta finales de 2004, cuando los jefazos de la editorial acordaron con Brubaker “resucitar” al personaje y darle un nuevo papel dentro del Universo Marvel. De hecho pasó de ser un “compañero” a tener su propia serie (y sí, llegó a sustituir al Capitán América y es una buena manera de terminar el contrato de Chris Evans con “Captain America: Civil War” y quedarse con Sebastian Stan para futuras películas).

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Pues bien: Para aquellos que hayáis visto “Captain America: The Winter Soldier”,  la historia del Winter Soldier es diferente  en los cómics, como suele ser habitual. En mi opinión esto hace las cosas aún más interesantes porque, empieces por el Universo que empieces, siempre te vas a llevar sorpresas con la misma historia (y de paso así no revivimos la dolorosa experiencia de la trilogía de El Hobbit).  Aunque algo que ambas versiones  tienen en común es que Bucky parecía que estaba muerto pero no y que el enemigo decidió hacerle un lavado cerebral y entrenarlo para ser su asesino político más destacado (de ahí la oposición a “the summer soldier and the sunshine patriot”).

Siempre digo que los autores de Marvel en realidad odian  a sus personajes y Bucky Barnes  es otro ejemplo de esto. Primero lo matan (supuestamente), luego lo usan para torturar la conciencia del Capitán América y por último le devuelven la memoria  para que pueda torturarse a sí mismo por “sus” crímenes el resto de su vida. Y después de esto aún le van a pasar todas las cosas malas que os podáis imaginar mientras intenta expiar sus pecados. Le dan muy mala vida, vamos. Igual también es que los fans somos un poco sádicos y esto es lo que nos gusta.

No quiero contaros muchas cosas porque pretendo animaros a que leáis los cómics (podéis empezar por aquí). Y también os animo a ver la película, por supuesto. Seguramente no es la peli del año, pero la trama es interesante, la música es espectacular y las peleas son una obra de arte. Si ya la habéis visto, no os perdáis el “trailer honesto”

Diferencias aparte, hay un montón de homenajes a los cómics en la película y me gustaría terminar este post enseñándoos los que he notado yo (que alguno se me habrá escapado seguro).

El primero es que tanto en los cómics como en la película, las primeras palabras del Winter Soldier al Capitán América son las mismas:

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El parecido entre el dibujo original y el actor caracterizado  es muy destacable:

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Como curiosidad, el uniforme que lleva el Capitán América en realidad no debería tenerlo todavía. Pero es igual, porque es un uniforme mucho más apropiado para los tiempos modernos y a Chris Evans todo lo queda bien.

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Uno de los posters de la película es un claro homenaje a una de las portadas de los cómics:


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Y por último, esa escena casi al final con el Capi cayendo al agua mientras Bucky se queda colgado por el brazo izquierdo de un helicarrier en llamas…..a mí esto me suena de algo:

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Ahora ya sabéis cómo murió Bucky en los cómics. Bueno, no murió, ya me entendéis.  Y no sé si este post os habrá dado ganas de descubrir más sobre el Soldado de Invierno o de dejar de leer este blog, pero al menos yo me he quedado a gusto compartiendo mi absoluta obsesión por él con vosotros. Y como broche os dejo la banda sonora de la película, por si queréis escuchar un rato de música épica. Gracias por leerme. Y a ver si me echáis unas palabrillas en los comentarios, ¿no? 😉

Descubriendo al Capitán América Parte 1: los valores de Steve Rogers

Para los que no me conozcáis en el Mundo Real™ yo me caracterizo entre otras cosas por mi personalidad obsesiva.Y haciendo honor a esto, ahora mismo estoy absolutamente obsesionada con el Capitán América. Y como me encanta compartir mis obsesiones, aquí estoy, quitándole el polvo al blog. Este post en 3 partes va a tener SPOILERS de la película “Captain America: The Winter Soldier” y de los cómics del Capitán América. Pero cuando llegue a ellos, ya os avisaré por si os los queréis saltar.

Empecé a interesarme por el Capitán América gracias a las películas de Marvel (bendito Chris Evans) y decidí echarles un ojo a los cómics. Ahora bien, el primer número del Capitán América se publicó en 1941 y a mí me gusta la estética de los cómics modernos, así que me fui directamente a la serie del 2004.

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Así de primeras uno puede pensar que éste va a ser un personaje que sólo guste al público norteamericano. Al fin y al cabo lo crearon para hinchar el patriotismo durante la Segunda Guerra Mundial. Pero a estas alturas de la historia, el Capitán Amércia es el estandarte de valores absolutamente universales: honestidad, perseverancia, compasión, responsabilidad, camaradería,… Steve Rogers es esencialmente muy buena persona. Realmente el tipo es un super-soldado que es muy buen tío. Porque superpoderes al uso no tiene. Es más fuerte de lo normal, más ágil, más todo, pero humano cien por cien. Lo que tiene es una escala de valores tan asentada que lo convierte automáticamente en el líder al que todo el mundo quiere seguir, tanto humanos normales como superhéroes. Y creo que me gusta tanto precisamente por eso. Porque el Capitán América es un tío consecuente con sus principios hasta extremos que pueden dar ganas de abofetearle. Y a la vez es agradable encontrarse un personaje que siempre va a ser fiel a sí mismo; que sabes que siempre va a hacer las cosas bien. Pase lo que pase y por mal que le vayan las cosas (que a todas estas yo creo que los escritores de Marvel en realidad odian a sus personajes, porque es la única explicación que se me ocurre a todas las putadas que les hacen)

Como llevan tantísimos números del Capitán América (imaginaos, desde 1941), la serie de 2004-2011 está llena de flashbacks y recapitulaciones para que los nuevos fans puedan subirse al tren sin necesidad de hacer expediciones arqueológicas en las tiendas de cómics. Aunque ahora que Marvel ha digitalizado la mayoría de su biblioteca desde el principio de los tiempos, la expedición puede hacerse tranquilamente online. Y no os he contado mucho sobre el personaje para no arruinaros parte de la aventura de descubrirlo. 🙂

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Así que si habéis visto las películas con el adorable Chris Evans y queréis echarle un ojo a la versión impresa del asunto (o sin falta de haber visto las películas), yo os animo a empezar con los números del 2004, que además a partir del número 8 introducen a un personaje que me tiene loca y del que hablaré en la segunda parte de este post).  Para comprar los cómics online, podéis acudir a la tienda online oficial de Marvel, a Comixology o suscribiros a Marvel Unlimited.

Gracias por leerme. 🙂

El pasillo

  Bill entra en la unidad buscando a Rachel, su esposa. Cuando la encuentra en el pasillo, ella lo abraza y le dice que le quiere.  Caminan unos pasos de la mano y se paran a mi lado a saludarme. Bill no ha acabado la primera frase cuando Rachel se suelta de su mano y echa a andar de nuevo, sola. Así, sin más, sigue caminando por el pasillo de vuelta a su propio mundo. Y Bill la mira alejarse mientras me dice: “¿Lo ves? Ya no estoy aquí, para ella ya me he ido. La demencia es una enfermedad terrible”.

Los niños, siempre los niños.

Ayer estaba mirando ropa en una tienda y una de las dependientas, señora de mediana edad, salió a la puerta a echarle la bronca a un chaval de unos 16 años, que estaba en pleno calle vestido de esta guisa:

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Yo no sé si es que el mozo había perdido una apuesta o estaba de despedida de soltero (porque iba acompañado de otros chavales vestidos normales). La cuestión es que le cayó una bronca de aúpa. Principalmente, la señora le gritó: “Eso es obsceno. Y hay niños por la calle”. “Obsceno” y “niños”, la combinación mortal.
  Al principio pensé: “tiene usted razón, señora. Qué vergüenza”. Y en menos de 2 minutos me di cuenta de mi hipocresía. ¿Obsceno? ¿En serio? A ver, ridículo, sí. Pero oiga, que el chaval no iba desnudo (y si hubiera ido desnudo, habría que debatir hasta qué punto eso es “obsceno”). La cuestión es que si en vez de estar en una calle cerca del centro estuviéramos en la playa, lo único que se le podría decir es que menudo mal gusto (aunque  bonito culo, por cierto). Iba haciendo el ridículo, pero de ahí a la obscenidad hay una tirada.
  Y luego, los niños. Siempre los niños. Como si los niños no vieran tangas y topless en la playa. Como si hubiera que protegerlos del cuerpo de los adultos. No vaya a ser que los tiernos infantes descubran que los niños tienen pene y las niñas vagina.

  Moraleja: no saquéis a los niños de casa, que está el mundo lleno de obscenidades. Y además, eso de llevar los huevos apretados y un trozo de tela metido por el culo debe de ser muy incómodo.

Epicidad musical

  Yo soy de esa gente que lee con música. Tengo una pequeña lista de reproducción con temas instrumentales que me dio buen resultado una temporada, pero ahora mismo estoy a tope leyendo cómics de superhéroes (me he suscrito a Marvel Unlimited) y necesitaba una selección de música épica para ambientarlos como se debe.
  Rebuscando en Playlists.net, encontré esta joya de lista para Spotify:

  Hay alguna canción ahí que no es épica, pero en general me gustaría ponerle un monumento al usuario responsable de esta recopilación. Os aseguro que se disfruta la lectura mucho más.

  Y ya que estamos hablando de música y de Marvel Unlimited, aprovecharé para comentaros qué me está pareciendo el servicio, por si alguno estáis interesados en probar. Se trata de una inmensa “biblioteca” de cómics de Marvel que abarca desde los años ’60 hasta la actualidad, excepto los cómics que salieron al mercado hace menos de 6 meses. Esto significa que van añadiendo cómics nuevos cada semana, siempre y cuando se cumplan 6 meses desde su publicación. Por lo demás, tarifa plana de lectura. Y puedes tener hasta 12 cómics descargados a la vez para leerlos offline.
  Suena bien, ¿verdad? Está muy bien, de hecho, con la única pega de que la app para Android Unlimited funciona más o menos de bien como la web de Renfe. Eso es MUY frustrante. Pero por el equivalente a 6 dólares al mes merece mucho la pena. Yo leo los cómics en una tablet de 7 pulgadas y, salvo cuando es una doble splash page, que hay que girar la pantalla y hacer zoom, se ven estupendamente. Y con las guías de lectura que circulan por internet y la enorme variedad del Universo Marvel, raro sería que no encontrarais nada que os gustase.
  Y volviendo al tema de la música, si os animáis a probar, en Marvel Unlimited hay 6 cómics del Capitán América con música y efectos de audio. Mola MUCHO. Ahí os lo dejo.

  Sin moverme del universo Marvel, pero cambiando a la parte cinematográfica, me estoy empezando a temer lo peor para el futuro de la saga de Avengers. Después de Avengers Assemble, en los últimos meses hemos “disfrutado” de “Iron Man 3”, “Thor: The Dark World” y “Captain America: The Winter Soldier”. Y pongo las comillas en “disfrutado” porque las 2 primeras fueron bastante terribles. Si las habéis visto, los vídeos que paso a compartir debajo resumen muy bien la magnitud de la catástrofe. Si no las habéis visto, #SPOILERALERT.

  En cuanto a “Captain America: The Winter Soldier”, la mayor parte de la película se salva. Aunque el final es bastante horroroso. Pero ocurre algo muy importante para el contexto general (y si sabéis a qué me refiero, “Marvel: Agents Of Shield” se entrelaza con ese suceso y profundiza un poco más en él).

  En resumen, no tengo muchas esperanzas en “Avengers: Age Of Ultron”, aunque aún voy a tener que esperar unos cuantos meses para saber si estoy equivocada. Y además no sale el Agente Coulson.

  Y que sepáis que mis compañeras de piso ya me están empezando a mirar raro.

Ni se os ocurra llamarme “Joven talla XL”

  Esta noticia me ha indignado en varios frentes:

Instagram censura una selfie en bikini de una joven talla XL por error.

  Lo primero de todo, como lo de “fuertecita” y “rellenita” al fin va desapareciendo, ahora han acuñado “joven talla XL”.  En el artículo dicen ” con sobrepeso”. Menos mal, porque llegan a colocarle lo de “obesa” y yo personalmente me transformo en Hulk. Los eufemismos me sacan de quicio porque “disfrazan” la realidad como si fuera una realidad vergonzante. Es una chica con sobrepeso. Punto. Lo mismo que podría ser una chica alta o baja, con mucho pecho o con poco. A las gordas los eufemismos no nos ayudan nada. Y ya sabéis que a mí me gusta llamarme “gorda” porque creo que hay que reclamar esa palabra como una cualidad física para que deje de ser un insulto.

  Siguiente punto: Instagram censurando unas fotos sí y otras no. Lo primero que me viene a la mente es la hipocresía de considerar las fotos en bikini adecuadas y las fotos en ropa interior inapropiadas. Me recuerda a mi madre, que no le gusta que yo la vea en ropa interior (tampoco es que sea una visión placentera para mí, mamá). La diferencia entre mi bikini y mi ropa interior es que mi bikini se seca antes. En lo que a centímetros cuadrados se refieren, tengo algunas bragas que tapan más que mi bikini. Si esto no es un ridículo tabú social, ya me diréis lo que es.

  Y por último está lo de que Instagram ha censurado a esta usuaria pero a otras no. Sin pretender defender a Instagram, el artículo ignora lo obvio: la foto fue eliminada porque fue reportada. Instagram, Facebook, etc. se esfuerzan en eliminar el contenido inapropiado de sus dominios, pero la vía más efectiva y probablemente más importante es que los usuarios “se quejen” de las fotos. Y esto es lo que me toca verdaderamente las gónadas: esa gente que ha decidido que esa gorda no merece tener sus autofotos en bikini/ropa interior en Instagram. Porque su cuerpo es más inapropiado que otros.

Es para mear y no echar gota.

De superhéroes y agentes secretos

  Cuando era niña quería ser un superhéroe. Creo que aún hoy me gustaría.

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Foto de Tim Malabuyo

   Me vais a intentar corregir diciendo que yo lo quería era ser una superheroína, pero no, lo he dicho bien. Yo quería ser un superhéroe, porque cuando era niña los superhéroes eran todos chicos. Aún hoy la mayoría son hombres. Las mujeres son sus novias. Y Wonderwoman, Catwoman y demás tampoco me acaban de entusiasmar. Y lo de la Viuda Negra no es un superpoder, venga ya. Tormenta, si eso…. vale. Pero a ésa la he conocido de mayor. Así que yo de pequeña lo que quería era ser un superhéroe. O un agente secreto. Eso también me hubiera servido siempre y cuando salvara el mundo.

  Me he hecho mayor pero me siguen gustando los superhéroes tanto como entonces. Y a juzgar por la taquilla que hacen las películas de Marvel, no soy la única. ¿Pero por qué nos gustan tanto los héroes? En realidad héroes ha habido siempre. Antiguamente eran dioses e hijos de dioses. Ahora son alienígenas, mutantes y experimentos fallidos. O tipos con mucha pasta. En cualquier caso son “gente” que hace cosas que nosotros no podemos.

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Los Vengadores tienen un nombre un poco cutre, pero yo no me metería con ellos.

  Podríamos por tanto pensar que nos gustan los superhéroes porque tienen poderes. Porque son más que los demás y a nosotros nos gustaría ser más que los demás. Y tal vez hay algo de esto, pero sería bastante ególatra y todo el mundo sabe que los superhéroes hacen el bien (porque si no, serían supervillanos, vaya). Así que tiene que ser algo más. Estamos de acuerdo en que los superhéroes hacen cosas buenas. Entonces tal vez entonces nos gustan porque somos todos muy buenas personas. 

  No. Lo dudo.

  ¿Entonces qué? Puede ser que no haya una respuesta única, pero en mi humilde opinión de aspirante a superhéroe, creo que lo que nos atrae de ellos es que sus vidas tienen sentido. Tienen una misión, tienen algo que hacer en el mundo y sólo ellos pueden hacerlo. Tienen algo que los define y los hace únicos. Algo que da propósito a su existencia. Y sí, las van a pasar canutas, les van a dar hasta en el carnet de identidad y la mayoría morirán solos o tendrán una historia de amor imposible de esas de llorar y llorar, pero por lo menos tienen una idea de quiénes son y qué narices hacen aquí. Y qué queréis que os diga: a mí eso me parece un planazo.

 
¿Y qué hay de los agentes secretos? Pues los agentes secretos / superespías/ superagentes son normalmente humanos normales con un entrenamiento de la leche y cachivaches muy chulis. Y esto mola aún más porque no necesitas tener superpoderes para ser un agente secreto. Aún así van a salvar el país o el planeta porque tienen un jefazo detrás, una agencia, o al gobierno y saben exactamente lo que se espera de ellos, los recursos con los que cuentan y que todo lo están haciendo por el bien común. Tienen una misión y están dispuestos a todo con tal de llevarla a cabo. Nuevamente, esta gente sabe cuál es su sitio y que lo que hacen cuenta.

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El Agente Coulson ya pasa de los 50, pero sigue partiendo la pana.

  Mirad, no es tan difícil de entender. Vamos haciendo nuestra vida y encontrando nuestro sitio mejor o peor con el paso de los años. Pero todos nos hemos preguntado alguna vez: “¿Y ya está? ¿Es esto todo lo que voy a ser?” Algunos se preguntan esto más que otros, claro, pero al final sabemos que antes o después nos vamos a morir y que ésta es nuestra única oportunidad. Y es muy comprensible que a veces deseemos que nuestro paso por el mundo no fuera simplemente trabajar de 9 a 5, pagar la hipoteca, contar nuestra penas en Twitter y tener un par de hijos a los que convertir a la ciencia ficción y el heavy metal.

  Es normal que a veces deseemos poder ser algo más, algo que importe, alguien del que luego se cuenten historias. Trascendernos a nosotros mismos, hacer algo que cambie el mundo aunque sea un poquito y que la Historia nos recuerde. En algún momento de nuestra vida, con más o menos pasión, todos desearíamos ser superhéroes o agentes secretos.

  Cuando era niña lo tenía claro. Y ahora de mayor, todavía más. Quién sabe, puede que todavía esté a tiempo de salvar el mundo. O algo.

Cuéntame un cuento. Pero con zombies.

  Los que sigáis mis aventuras por Twitter sabréis que llevo un tiempo probando a aprender cosas nuevas. Tras los gatos hechos con calcetines, correr 5 kilómetros y un libro para aprender a dibujar que he dejado a medias, ahora estoy aprendiendo a escribir con la derecha. Evidentemente esto se debe a que soy zurda. Aunque tengo la teoría de que en realidad soy ambidiestra y no puedo escribir con las dos manos simplemente porque sólo he practicado con una. Posiblemente la mayoría de la gente podría escribir de forma digna con las dos manos con un poco de práctica. Y se me ha ocurrido que es una habilidad útil y que seguramente al cerebro le sienta bien (por aquello de aumentar las conexiones entre los dos hemisferios).  Así que en ésas estoy. De momento tengo la letra de una niña de 5 años, pero al menos es legible, que ya es algo.

  Total, que para practicar escritura hay que escribir cosas. Y aquí es donde entra una de mis últimas adquisiciones: Los Rory’s Story Cubes. Se trata de un juego no competitivo de crear historias. Para ello se utilizan dados de 6 caras con distintos dibujos simples. Parte de la base de que al cerebro le cuesta menos conectar dibujos que palabras, lo cual te facilita inventar tu propio cuento incluyendo lo que representan esos dibujos. Como son simples y algunos pueden dar lugar a varias interpretaciones, es aún más sencillo darle variedad al asunto. Y además se puede jugar solo,con lo cual se me ocurrió que, además de practicar escritura con la mano “torpe”, podía aprovechar a ejercitar un poco la imaginación. Y así, hoy os traigo mi primer cuento.

  Es un cuento de 1 página, tampoco os vayáis a pensar. 😛  El set que me compré es el Story Cubes Voyages. En mi primera “partida” lancé los 9 dados y me encontré con lo siguiente:

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  No me salieron en ese orden, pero según las reglas del juego el orden no importa (menos mal). Como veréis, hay un par de dibujos que pueden ser distintas cosas. Y partiendo de esto, ahí va mi cuento:

  Érase una vez un monito que se escapó del zoo de Edimburgo. Cuando llegó a la carretera se asustó mucho por culpa de los coches y se escondió en una caja de cartón junto a un contenedor. Y allí se quedó un buen rato hasta que le entró hambre. Entonces distinguió el inconfudible olor de los plátanos. Asomó la cabeza fuera de la caja y vio a una señora con una bolsa llena de fruta esperando el autobús. Rápidamente, saltó de la caja, agarró la bolsa y se fue brincando. La señora le gritaba desde la parada de autobús muy enfadada, pero el monito tenía mucha hambre. Así que siguió alejándose.

  Al llegar a un parque, se encaramó a un árbol para comerse tranquilamente los plátanos. El resto de la fruta se la regaló a los pájaros que vivían allí. El monito se sentía solo, pero no se atrevía a regresar al zoo porque tenía miedo de que el cuidador le azotara con un látigo por haberse escapado. Además, estaba harto de que los visitantes le cegaran con los flashes de sus cámaras de fotos.

  Así que se fue al puerto y se enroló en la tripulación de un submarino que tenía la misión de cazar al pulpo más grande del mundo. Pero al capitán le había mordido la noche antes un gato callejero infectado con un extraño virus de laboratorio.  Así que, a los pocos días de zarpar, el capitán atacó al resto de la tripulación y se convirtieron todos en zombies bajo el mar.

  Y colorín colorado, éste cuento se ha acabado.

  El final abrupto se debe a que ya me estaba doliendo la mano. Pero vamos, que me ha quedado niquelado. Y ahora ya conocéis el alcance de mis habilidades artísticas. 😛 

  Los Story Cubes están a la venta en la web oficial y pueden comprarse desde España. Aunque me extrañaría mucho que no pudierais encontrarlos en alguna tienda de juegos española si os apetece probarlos.

  Espero vuestro feedback sobre mi obra maestra de la literatura. Ya tengo otro cuento más (sin zombies) y seguiré practicando, así que si os apetece los puedo ir colgando aquí. En el peor de los casos van a ser mejores  que muchas cosas que publican en el ABC, por ejemplo.

  Y para terminar, os dejo una muestra de mi impecable caligrafía de parvulario con la mano derecha. Supongo que mejorará con un poco de tiempo. ¡¡Gracias por leerme!!

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El enemigo en el cerebro

  De todos los trastornos mentales que me podrían haber tocado, el mío no es el peor. Porque aunque la mayoría de la gente que me conoce no lo sepa, yo tengo un trastorno mental. Se llama Trastorno Depresivo Recurrente y, en pocas palabras, esto significa que la química de mi cerebro no funciona bien y, si no tomara  medicación, antes o después padecería un episodio depresivo mayor. Bueno, y tomando medicación  también. Pero eso ya es otra historia.

  Todo el mundo habla de “depresión“, pero la mayoría de la gente no sabe muy bien de qué va el tema. Dichosos ellos. Desgraciadamente, antes o después muchos lo experimentarán en sus carnes. La prevalencia de esta enfermedad aumenta sin parar y no existe algo así como una “cura universal” para los trastornos depresivos. Por eso es muy importante que se hable de la depresión. Que se hable mucho, que se hable sin miedo y que se hable sabiendo de lo que se habla.   Por eso hoy quiero aportar mi granito de arena, no desde el punto de vista científico, médico o psicológico, sino desde mi propia experiencia personal. No como enfermera, sino como enferma.

  En el otoño de 2005 yo estaba estudiando tercero de Enfermería. La vida me iba bien en líneas generales. Pero empezaba a tener la sensación de que  algo estaba mal. ALGO. No sabía muy bien el qué, pero esa sensación estaba empezando a ser cada vez más molesta. Al principio pensaba que era astenia otoñal, esas cosas del cambio de estación que a algunas personas nos afecta bastante. Pero pasaban las semanas y no mejoraba, sino que iba a peor. Y ahí  empezaron todos los síntomas que vienen en el libro. Sólo que yo no los conocía, así que no sabía qué me estaba pasando. Empecé a obsesionarme por todo. Cada pequeño problema se convertía en un pensamiento en bucle en mi cabeza que no conseguía desconectar. Me sentía culpable por cualquier cosa, como si fuera mi obligación ser perfecta. Sentía que tenía que hacer TODO lo mejor posible. Y lo mejor posible para mí era “perfecto”. Poco a poco todo esto se volvió una maraña de ansiedad, obsesión y culpa. Hubiera matado por tener un botón de apagado en el cerebro. Era agotador. Y empecé a dormir mal, a dejar de lado mi vida social, a no dedicarme tiempo a mí misma, etc. El pack completo de convertir mi vida en una miseria. ¡Cuando en realidad mi vida se suponía que iba bien!

  Éste es un gran conflicto en la mente de una persona que está deprimida. Porque hay depresiones que tienen una causa (quedarse en el paro, ser diagnosticado de cáncer, perder a un ser querido), pero la mayoría son PORQUE SÍ. Igual has tenido una época mala en el curro, o has discutido con tu pareja, vale, eso estresa a cualquiera, pero ESTO, esto no tiene justificación ninguna. Te sientes peor que nunca creíste que podrías sentirte y ni siquiera tienes un motivo para sentirte mal.  ¿Cómo le vas a contar eso a nadie? Así que poco a poco, continuas girando en la espiral de TODO MAL, TÚ SOLO y, cuando te quieres dar cuenta, empiezas a querer morirte. Y no hablo de tener una crisis  y querer desaparecer de la faz de la Tierra. No. Hablo de levantarte cada día durante meses, con el deseo genuino de MORIRTE.

 

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  Los síntomas de la depresión no son “universales” como los de una gripe. Yo, por ejemplo, en la primera no quería morirme. De hecho estaba aterrorizada con la idea de que un día me iba a morir. De que en cualquier momento podía atropellarme un coche o caérseme un muro encima. Estaba obsesionada con esa idea. Y sin embargo, en los siguientes episodios morirme y dejar de sufrir ha sido lo único que me ha “apetecido” en meses. Los deseos de hacerse daño a uno mismo o de morirse son síntomas muy comunes. Otros típicos son la pérdida de placer por las cosas que antes te gustaban, las rumiaciones (esos pensamientos en bucle que no puedes parar), la disminución del deseo sexual, los sentimientos de culpa, la pérdida de autoestima y unos cuantos más. Hay gente a la que le cuesta una barbaridad decidirse a salir de la cama por las mañanas. Otra gente es incapaz de dormir por las noches. A veces es una mezcla de todo. Pero repito: la parte importante que tenéis que entender es que todo esto te pasa PORQUE SÍ.

  Tras meses sufriendo sin saber por qué, mi madre se dio cuenta de lo que estaba pasando y me llevó al psiquiatra. Tenemos una larga tradición familiar de trastornos depresivos, así que ahí tuve suerte. Entonces vino el tema de la medicación. Yo estaba desesperada. Lo único que quería era sentirme mejor. Y los antidepresivos se suponía que me iban a ayudar. Pero ya de mano el psiquiatra me advirtió que tardaría al menos 3 semanas en empezar a notar mejoría. ¿21 días más de tormento como mínimo? No sabía si iba a ser capaz de aguantar tanto. Y lo que tampoco sabía era que los médicos te prescriben el antidepresivo X a bulto porque no pueden saber si te va a funcionar o no. No son antibióticos. No hay una fórmula perfecta. En mi caso también tuve suerte en esto y acertaron con el segundo. Bueno, más o menos, porque ya voy por el cuarto.

  Así que tenemos una enfermedad que empiezas a padecer sin motivo, que no sabes muy bien cómo explicar y que además no sabes si vas a curarte ni cuándo. Estupendo. No es sorprendente que a la mayoría de la gente le dé vergüenza reconocer que está deprimida o hablar de ello con sus amigos. Porque ojo, los que están deprimidos de verdad son en general los que no hablan de ello.

  Pero al final, con un poco de ayuda farmacológica y MUCHO trabajo, un día te levantas por la mañana y sientes que ya no tienes tantas ganas de morirte. La parte del trabajo es muy importante. Las pastillas no hacen milagros. Pero al final sales. Mejoras. Te cuesta más o menos tiempo, a veces poco, a veces mucho, pero mejoras.

 

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  Entonces de repente redescubres el mundo. Porque no hay como haber estado enfermo para valorar la salud. Y de repente tienes muchas ganas de vivir. De vivir cien años y no volver a pasar nunca más por eso. Y afortunadamente, para la gran mayoría de los enfermos será así.

  Para mí y otros enfermos como yo no va a ser así, me temo. “Trastorno Depresivo Recurrente” es el diagnóstico que te endosan cuando llegas a la consulta del psiquiatra con tu tercer episodio depresivo mayor. A partir de ahí eres un enfermo crónico que va a necesitar medicación de por vida o al menos hasta que descubran algo mejor. Tu tercer episodio depresivo demuestra que definitivamente en tu cerebro algo no va bien a nivel químico y hay que arreglaro artificialmente. Porque, amigos míos, la terapia psicológica tampoco hace milagros y no puede con todo. Muchas veces necesitas un poco de ayuda artificial para llegar a tener las fuerzas de hacer el trabajo restante. Yo intenté pasar sin la medicación, os lo aseguro. Me aterrorizaba pensar que iba a ser una enferma crónica con medicación de por vida. Pero al final tuve que ceder. Y me alegro MUCHO de haber cedido.

  A día de hoy llevo 4 episodios depresivos. Tomo una sola pastilla al día (lo cual me parece un triunfo de la farmacología, por cierto). Y estoy en remisión. Que ahora mismo no estoy deprimida, vamos. Soy como cualquiera. De hecho estoy más sana que muchísima gente. Aunque soy consciente de que sigo teniendo un trastorno mental y de que nadie puede asegurarme que no vaya a empezar un nuevo ciclo en cualquier momento.

  Así que, si alguno os sentís identificados con algo de toda esta parrafada que acabo de soltar y os está pasando ahora mismo, id al médico. En serio. No esperéis a bajar al fondo del pozo, que luego la luz queda muy lejos. Y si estáis perfectamente pero conocéis a alguien que se parece un poco a mí, hablad con esa persona. Porque seguramente se siente MUY sola y os necesita.

  Y por último, para todos los que estáis ahí detrás de la pantalla asintiendo sin parar porque tenéis un trastorno mental, el que sea, todo mi apoyo y todo mi calor. Mucho ánimo. Y mucha suerte.

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